‘Por primera vez vi un cráneo chamuscado’. Yolanda Medina cuenta cómo vivió esa madrugada del 20 de diciembre de 1989

FUENTE:  MI DIARIO

Yolanda Medina, una chorrillera que hace 31 años vivió en carne propia la invasión de las tropas norteamericanas a Panamá, narra cómo fueron esos días de incertidumbre.

Recordarme de esas escenas me hacen aguar los ojos, esa noche me tocó correr junto a mis dos hijitos, (tres y cuatro años) y mi esposo, hacia la iglesia de Fátima, donde nos quedamos junto a otras familias.

Estábamos en nuestra casa y mi esposo vino corriendo y nos dijo: algo va pasar y salimos huyendo, hasta sin chancletas.

En ese trayecto hacia la iglesia me tocó ver los cadáveres de algunas personas, sus muslos cortados, eran escenas terribles para mí y mucho más para mis hijos, quienes a la fecha, no han olvidado esa situación, con todo y que eran unos niños. Eran las 11 y algunos minutos del 19 de diciembre.

Cuando llegó la mañana, algunas personas celebraban. Frente a la iglesia había un caserón donde algunos policías se escondían, no sé cómo los gringos se dieron cuenta que estaban ahí y solo recuerdo el sonido ensordecedor de algo y ese caserón estalló. Ahí quedaron todos chamuscados.

Fue en ese momento donde el fuego se apoderó de El Chorrillo y de las casas de madera. Nosotros al ver eso, dejamos a los niños donde un familiar por La Cantera, y corrimos a nuestra casa de madera que habíamos cerrado con un candado. Sacamos algunas cosas, pero la parte de arriba ya ardía en llamas y salimos huyendo.

Teníamos un dinero ahorrado para la Navidad dentro de dos cerámicas que fue lo que sacamos. También había otro dinero ahorrado.

Recogimos a los niños y nos fuimos caminado hacia Balboa, dormimos en el teatro, veíamos cómo robaban un banco, pero el temor se apoderaba de mí, porque mis hijos estaban chicos.

Mientras nosotros vivíamos esa trágica experiencia que marcó nuestras vidas para siempre, mi madre que vive en Nuevo Chorrillo, al escuchar de la situación en El Chorrillo, caminó desesperada, orando que estuviéramos bien, desde su casa en Panamá Oeste hasta la ciudad. Nos ubicó y vio que estábamos bien. Luego siguió su marcha hacia Pueblo Nuevo donde vivía su hermana, quien también estaba bien y posteriormente regresó a su casa.

En la invasión por primera vez vi un cráneo chamuscado. Lloré la muerte de muchas personas conocidas, de “Bomberito”, de Boris y sus nietas, y otras personas que éramos vecinos ahí en El Chorrillo.

Hoy día Yolanda vive en Panamá Oeste y en su casa aún conserva las dos cerámicas que eran los adornos de su casa de madera en El Chorrillo para el tiempo de la invasión. “Si esas cerámicas hablaran les contarían todo lo vivido y lo que vimos en esos días de temor, donde quedamos desamparados”, recordó la chorrillera.

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Yolanda reconoce que de esa pésima experiencia aprendió a salir adelante, pues recibieron ayuda de la iglesia Episcopal, terminó sus estudios universitarios y salieron adelante junto a sus hijos muchas mujeres. “Recuerdo que la trabajadora social, Sandra Fuentes, me inspiró para ser también trabajadora social”, agregó Yolanda.

Después de la invasión, Yolanda no permitió que nadie violara sus derechos y lo mismo le inculcó a sus hijos.

Han pasado 31 años de la invasión, donde murieron civiles y policías a manos del ejército gringo, quienes intentaban capturar a Manuel Antonio Noriega (q.e.p.d.). Hoy es día de duelo nacional por Decreto Ejecutivo.